Buscan información suelta.

Preguntan en consultas médicas breves.

Intentan resolver cada problema cuando aparece.

Mientras tanto, la enfermedad avanza.

Y el cuidador —normalmente tu madre— empieza a cargar con decisiones para las que nadie le ha preparado.

Eso es lo que genera desgaste, discusiones y errores evitables.


No para resolver todo.

Sino para que dejéis de ir a ciegas.

Esto es lo que obtienes:

  • Diagnóstico de Situación Real
    Identificamos en qué etapa está la enfermedad y qué implica realmente.
  • Filtro de Conflictos
    Qué discusiones dejar de tener y dónde sí hay que intervenir.
  • Protocolo de Descarga para el Cuidador
    Tu madre deja de tener que improvisar decisiones cada día.

1. Activas el Escudo Familiar.

Realizas el pago desde esta página:

2. Recibes el formulario de situación.

Te llega un correo con un formulario breve para entender el contexto familiar.

Esto nos permite aprovechar al máximo la sesión.

3. Sesión estratégica (60–90 minutos)

Analizamos la situación y definimos prioridades reales.

Sin teoría innecesaria.
Sin rodeos.

4. Recibes tu Hoja de Ruta

En un máximo de 7 días recibes un documento claro con:

  • Qué está pasando realmente
  • Qué esperar en los próximos meses
  • Qué decisiones tomar ahora

  • terapia semanal
  • acompañamiento indefinido
  • un curso grabado
  • un grupo de apoyo

Es una intervención estratégica para ordenar la situación familiar.


  • Eres hijo/a y sientes que debes tomar el mando.
  • Quieres evitar que tu madre se desgaste innecesariamente.
  • Prefieres tener un plan antes de que la situación se complique.

  • Si buscas terapia emocional continua.
  • Si no estás dispuesto/a a tomar decisiones.
  • Si prefieres esperar a que la situación se resuelva sola..

297€ (pago único)

Una intervención para evitar meses de improvisación y desgaste innecesario.

Conch(2)i

Neuropsicóloga especializada en familias que conviven con la demencia

Soy Conchi Moreno, neuropsicóloga.

Recuerdo perfectamente el primer caso de Alzheimer que atendí hace 7 años.

Era un maestro que vino acompañado de su mujer para confirmar el diagnóstico.

Con el tiempo, él empezó a olvidar mi nombre.

Pero hubo algo que me impactó aún más.

Su esposa.

Mes tras mes, mientras trabajábamos la estimulación cognitiva —lo que yo llamo “gimnasia mental”—, ella aprovechaba cualquier momento para preguntarme:

“¿Esto es normal?”
“¿Estoy haciéndolo bien?”
“¿Qué hago cuando pasa esto?”

Ahí entendí algo que nadie me enseñó en la carrera:

La demencia no solo cambia a quien la padece.
Cambia silenciosamente a quien cuida.

Y muchas veces, lo que más duele no es el diagnóstico.
Es no saber cómo afrontarlo.

Desde entonces, mi trabajo no es solo evaluar.

Es ayudar a las familias a no perderse en el proceso.

Poner orden cuando todo parece incierto.
Dar claridad cuando el miedo empieza a crecer.

Porque entender la enfermedad es importante.

Pero saber cómo vivirla, día a día, es urgente.